Hay que jugarse el pellejo haciendo algo único, aunque cueste en disgustos

El músico argentino llegará el próximo sábado a Galicia con su gira «Licencia para cantar»

Tenía menos de 30 años Andrés Calamaro cuando llegó a Madrid y puso sobre el tablero musical un invento llamado Los Rodríguez. Eran buenas piezas, así que la partida resultó ganadora y divertida. Como eran tiempos de descubrimientos, todos se preguntaban quién era ese bonaerense despeinado que lo mismo invocaba a Dylan que a Gardel, y de dónde salía ese torrente creativo. Visto ahora resulta hasta saludable que Los Rodríguez cerraran su carrera por la puerta grande. A partir de ahí surge el solista que hace saltar la banca con el inapelable Honestidad brutal. Posteriormente, un disco compulsivo: El salmón. Trabajos en los que exprime su talento y sus gustos a partes iguales. Siempre mucho mejor escucharlo que contarlo. A veces, demasiado Calamaro incluso para él mismo. Hasta hoy, con un disco chistera, Romanphonic Sessions, del que salen sus grandes temas en versión reposada. Un álbum que -él mismo confiesa- el directo, esta gira, Licencia para cantar, ya ha superado. El próximo sábado ofrecerá un concierto en el Palacio de la Ópera de A Coruña (21 horas).

-«Romanphonic Sessions» recibe muchos elogios. Tal vez porque abunda en lo que podría ser el riesgo de lo sencillo, volver a territorios conocidos, desposeerlos de artificio y en lo personal quedarse fuera de lo que ahora se denomina zona de confort, en su caso, la roquera o el folclore.

-Yo prefiero no explicar un disco que con buena voluntad se puede escuchar. Además, me hallo en medio de una gira que mejora el álbum. Debería grabar el disco de nuevo porque encontramos: sonido y compás. Estamos de acuerdo en el riesgo de presentar algo que, si bien no es exactamente sencillo (cantar tangos no es sencillo), no fue corregido. Fue grabar una vez y no volver la vista atrás. Pasaron unos meses hasta que escuché aquella grabación. Ahora escucho nuestro último concierto, que brindamos en Pamplona, y, ciertamente, algunas canciones podrían editarse mañana mismo. Mejoramos con el tiempo, como se dice vulgarmente de los vinos que cuidadosamente logran mejorar con el tiempo, y no se arruinan.

-¿Siente usted que ha hecho sentir el rock en castellano aportando otras perspectivas?

-Supongo que todos los que cantamos en nuestro idioma le aportamos matices a la historia. Yo trato de cantar genuino, de sonar bien, con sentido y sensibilidad. Sinceramente, me empleo en tratar que esta lengua suene bien para cantar el rock y las canciones. Era mi intención. Dicho con la mayor modestia posible.

-¿Es difícil ser Andrés Calamaro después de tantos discos, de tantas canciones? ¿Se siente un artista en libertad creativa?

-Soy libre, pero no siento que tenga que demostrar nada ni me siento obligado a grabar más discos. No voy mendigando respeto a nadie. Me conformo con tener buenas sensaciones en el escenario. Es mi prioridad. Le doy importancia a las giras y a los conciertos. Estar conforme con la forma en que lo hice. En cuanto a facilidad y dificultades, tengo buena salud y una buena vida, austera y cultural. No es complicado vivir bien, pero hay que saber estar en los zapatos que a cada uno le toca ocupar.

-De cada concierto, gentes y ciudades, ¿se lleva algo diferente?

-Lo que intentamos es que cada concierto sea el mejor. No siempre va a ser así. De momento, como estamos en una buena racha, no me cambio la camisa. Un día de estos voy a intentarlo con una camisa distinta, espero que la suerte me acompañe. Y no perder la elegancia.

-Galicia es territorio Calamaro, también Rodríguez, y muy musical. ¿Qué le gusta a usted de Galicia?

-Me gusta mucho volver a Galicia. Siempre es grato encontrarse con el generoso pueblo gallego. La primera vez que salimos de Madrid, fuimos a Fisterra,  Ferrol y A Coruña. Voy con ilusiones intactas. Creo que existe una buena conexión, y yo me empleo en interpretar el espíritu y el carácter de los gallegos, que son fundadores de Buenos Aires también. Fundaron el siglo XX porteño.

-Como compositor prolífico, ¿cree que son buenos tiempos para los músicos que quieren abrirse camino con su originalidad?

-La mejor forma de abrirse camino es una buena dosis de originalidad, frescura, y lo contrario, descaro y sobriedad. Todo eso. Agregaría una cierta tendencia minimalista o inclinarse a lo excesivo. No es un buen momento para el estilo Calamaro. Todos los cantantes que triunfan se inspiran en Alejandro Sanz, y se pasean por los programas de televisión. Pero insisto con mis consejos: hay que jugarse el pellejo haciendo algo único, aunque cueste en disgustos. Y dormir tranquilo.

-Puede que usted sea el roquero en español que más le gusta a un gourmet como Fernando Trueba. ¿Cuántos siglos necesitarían para hablar de música?

-Fernando es un intelectual, un cineasta muy importante y un elemento especial para la música; y encontró un conducto para su erudita pasión. Nos debemos un proyecto y, así lo espero, más charlas sobre música.

-¿Está España irreconocible?

-De momento, se la reconoce, no sé yo en unos años. Lamentaría ver a España diluyéndose dividida. Hay un auge de republicanos lesbianos que no saben realmente lo que quieren, una moda peligrosa y el caldo de puchero de los políticos. Me andaría con cuidado, pero nadie me hace caso.

-¿Cuál sería ahora la Alta suciedad que impera? ¿Ha cambiado mucho o es la misma?

-La de siempre, y otras -suciedades- que conviene ocultar porque estamos muy próximos a nuevas elecciones.

-Del Andrés Calamaro que llega a Madrid para formar Los Rodríguez al que ahora vuela solo, ¿quedan muchas coincidencias?

-Caramba, soy más fuerte ahora. Leo más, escucho más jazz en la mañana. Hice realidad la mayor parte de las cosas que soñaba despierto. Supongo que quedan coincidencias. Aquel muchacho que llegó a Madrid con unos pocos ahorros tenía casi treinta años. Se supone que estaba cuajado. Pero ahora estoy más pulido. Mejorado supongo.

-¿Qué querría hallar en Galicia?

-Un auditorio colmado sería ideal. La comida no va a fallar.

 

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