«El talento no existe»

Andrés Calamaro interpretará mañana su ‘Honestidad brutal’ en el Auditorio de Murcia

Andrés Calamaro es prolífico autor de canciones y contradicciones, artista que desea recuperar el ‘malditismo’ y hombre que quiere ser elegante, «aunque cualquiera puede equivocarse en el intento». Mañana lunes llega al Auditorio de Murcia (21.30 horas) con la gira de su último y frondoso álbum, ‘Honestidad brutal’: 37 canciones que dan mucho de sí. Un disco que Calamaro nunca ha escuchado de día, «o habiendo dormido antes. Es que mis canciones están escritas sin dormir para que la gente las escuche mientras se duerme». El cantante argentino, que se mueve en el terreno donde se cruzan la verdad y la mentira, confiesa que «el mejor elogio posible sería descubrir que estoy escribiendo bien».

Hace cinco meses Andrés Calamaro planeó con Honestidad Brutal sobre el Auditorio Infanta Elena de Alcantarilla. «Artista único y siempre excesivo», dijo entonces el crítico musical Jam Albarracín. «Fue bonito –recuerda el ex Rodríguez–. Tratamos de conservar aquello de bueno que tuvo la gira que hicimos en junio. Funciona mejor cuando el ambiente es de entusiasmo pero de atención, de concentración, de ritual en la música».

Mañana repetirá a lo grande en Murcia, «donde vamos a ir en plan intérprete. Voy a intentar afinar y que todos los músicos también toquen libres, que improvisen. A cantar bien y a tocar con ganas, como siempre, con algo que no es alegría ni tristeza». No siempre hay ganas, pero «no importa lo que uno piense durante el resto del día, hay que cantar porque no hay otra cosa mejor que hacer».

Arrastra las palabras, confusamente entre los labios, algo que no sólo se debe a su origen porteño. «A mí me gusta mucho conversar y respeto mucho el diálogo, pero a veces prefiero escribir. Por temporadas se me da mejor que hablar. Ahora mismo estoy escribiendo poco, pero eso no quiere decir que siempre pueda contestar bien».

Pero Calamaro tiene respuesta para todo, aunque se lo toma con calma, y no duda en recurrir a la ironía hilada en fino para hablar sobre su talento creativo, que sólo en este último y super-ventas disco dio para componer 100 canciones y desechar 63 de ellas. «Recientes investigaciones científicas están demostrando que el talento no existe, que es una forma de inteligencia, y me alegro que así sea porque creo en la práctica, en la repetición de los errores y en la cercanía musical. Yo es que prefiero usar la palabra facilidad. Estoy intentado aproximarme a una mayor elegancia, a canciones verdaderas y bien escritas, buenos pedazos musicales, instrumentos bien tocados… y no sé si puedo medir eso en unidades de talento. Si no tengo talento yo pienso seguir grabando discos igual, por eso prefiero creer otra cosa».

No ambiciona «conquistar países o continentes ni abrir mercados ni ganar mucho dinero», pero sus arcas se alegraron gracias a las ventas de sus últimos trabajos (también con Alta suciedad). Con lo ganado adquirió el año pasado una casa en Buenos aires con las paredes pintadas de oscuro y donde ha colocado un piano rojo. «También compré un coche, aunque no sé conducir, pero es un coche bueno, con asientos tapizados en cuero gris oscuro, creo que perteneció a un torero a principios de los noventa, y algunos instrumentos que necesitábamos para esta gira. Después compré ropa discreta y buena, pero cuando me la pongo parece barata, y después ayudo a algunos amigos que están sin trabajo». Con su nueva residencia bonaerense ya no tiene necesidad de acudir al Hotel Plaza Francia, que aparece en algunas de sus composiciones, «y que es como el Chelsea en Nueva York, por el misterio personal. Me conformo con que esas paredes me tengan un poco de cariño, y creo que esto ocurre, porque volví otra veces. Ahora ya no, porque tengo la casa con las paredes pintadas oscuras». Y es que al cantante de la voz arenosa le gustan los colores oscuros, «porque es lo que yo entiendo por elegancia, y puedo estar equivocado, cualquiera puede equivocarse en el intento».

Cuando termine la gira, que desemboca en su Argentina natal, Calamaro se volverá a poner manos a la obra. Primero hay un disco con su pianista, Ciro Flogiatta, con temas ajenos y orientado hacia el blues. ¿Y después? «Que sé yo… El futuro me inspira respeto y mucha curiosidad y mi ánimo está claro: música nueva el año que viene. Delante mío hay un vacío, digamos una cierta libertad, que es donde voy a escribir mis próximas canciones, sin predeterminación alguna sobre ellas. Tal vez haga un disco de rock and roll». No hay descartes a priori. «Tal vez me gustaría escribir un disco en donde la canción no sea tan importante, o sea, que una letra con música no sea la forma básica audible fundamental del disco. Tal vez quisiera ser un obrero y que el próximo trabajo sea más placentero y con mayor sonido». Sus seguidores están preparados para cualquier sorpresa, que arranca de veinte años de experiencia profesional y de una necesidad de succionar de todas las fuentes. «Nosotros los músicos de Argentina conocemos las comisarías antes que los estudios de grabación, empezamos a grabar de muy jovencitos y enseguida queremos ocupar una plaza de músicos que nos vamos a inventar. Ésta es la tradición, estamos acostumbrados a la lucha permanente».

A Calamaro le sorprende y satisface que se califique su voz como arenosa, aunque algunos críticos la tilden ahora de nasal, quizás por la influencia de Bob Dylan, del que fue telonero en su última gira por España. «Me gusta mucho eso de vez arenosa, es un buen término. Este último año recuperé un poco el atletismo vocal, mi forma cantoral, y tengo más voz. Ahora mismo salgo a cantar con tres o cuatro voces diferentes. A lo largo de la gira fui aprendiendo nuevos trucos. El feeling, la voz arenosa, simular que soy un cantante profesional, empastar con los instrumentos… son mis trucos de cantante».

También hay métodos de compositor, aunque en el caso de Honestidad brutal puede ser una falta de método con espectaculares resultados: la cercanía con el oyente. «Es muy interesante pensar en la forma en que escribí las canciones, de una manera inmediata, y en que haya servido para tanto. Creo que tendré que considerarlo como lo más importante que ha pasado con este disco, porque la grabación como tal no existe, no está planeada de ninguna manera, y llegaron muy puras a la gente».

Calamaro maneja su propia teoría sobre su faceta de letrista: «En realidad las canciones no se escriben, porque sentarse a escribir una letra de una canción no es escribir poesía, ni cuento, ni ensayo, ni artículo, ni novela, es un género exclusivamente musical». Aunque hace excepciones, como con Bob Dylan, «que es de una capacidad inalcanzable», y con «genios en España para sacarse el sombrero», como Sabina, Serrat o Aute. «Realmente saben escribir y podrían dar lecciones».

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